Una de las bendiciones que tenemos como Iglesia, como pueblo de Dios, es ser llamados «el pueblo de la Palabra». Porque cuando nos miran saben que en nosotros hay algo fundado en la verdad que es la Biblia que hizo que la propia Verdad, como el apóstol Juan llama a Jesús, viva en tu corazón y en el mío. Nosotros, los cristianos bíblicos, le damos a la Palabra de Dios el valor central en nuestras vidas. Ese es un logro de Martín Lutero, que saca la Palabra de los conventos, de los monasterios, del magisterio de la iglesia y la devuelve al pueblo. Y la Palabra, cuando es leída y transferida, empieza a cambiar vidas. Al punto tal es ese cambio, que al propio Lutero le preguntaban cuáles eran esos cambios que producía leer la Biblia. A lo que el reformador respondía: “cambia hasta la forma de vestirse”. Es notable que así sea porque la influencia de la Palabra de Dios en nuestras vidas es integral o al menos debe ser integral. Debe abarcar todas las áreas de la vida. Debe ser la fuente de autoridad para todas nuestras decisiones. Y se debe notar con un simple vistazo.

Por favor, no interprete que le estoy diciendo que vaya por la calle vestido con atuendos innecesarios para su cultura o contrarios a ella. No estoy diciendo que si el hombre no usa traje, o la mujer no lleva falda larga hasta los tobillos y mantilla, no es cristiana. Si su costumbre es esa ¡gloria a Dios! Si no lo es y sólo lo hace por mis dichos, permítame decirle que usted se equivoca.

El libro de Jueces dice en su último capítulo, último versículo que se había extraviado la Palabra.“…no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía mejor”, señala el pasaje. Esta circunstancia relatada en una sola línea es lo que estamos viviendo en la sociedad hoy.

En el país donde vivo, Estados Unidos, se considera nominalmente cristiano. Allí hay un promedio de 4 Biblias en cada hogar, sin embargo alrededor de 700 personas por día dejan de leer la Biblia. Por eso cada vez más, las personas tienden a creer en cualquier cosa, menos lo que dice la Palabra de Dios. Por eso en estos días se filtran teologías tan complicadas y difíciles dentro de la iglesia que se llama cristiana, pero que promueven doctrinas que son imposibles de sostener con la Palabra de Dios.

Cuando Dios quiera hablarle lo hará a través de su Palabra y tal vez un profeta vendrá a compartir y a corroborar lo que la Palabra de Dios dice. Nada que no esté contenido en la Biblia puede ser verdad. En Salmos 119:160a dice: “La suma de tus palabras es la verdad…”. Es decir, de Génesis a Apocalipsis. Quiere decir que no es solamente el evangelio donde se me relata la historia de Jesús. Yo creo en la suma de Génesis a Apocalipsis. El apóstol Pablo dijo: “…les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (1 Cor. 15:3). Es la misma enseñanza de Jesús en boca de Pablo. Jesús conocía en profundidad lo que hasta entonces era la Biblia. Porque él es el cumplimiento de la profecía bíblica de un salvador. Todo empieza y termina en él.

La gente no usa la Palabra de Dios porque solo lee pedacitos de ella. No se alimenta porque come snacks. ¿Cuántas veces pasamos el día sólo con snack, sin alimentarnos? No podemos quedarnos sólo con un versículo, porque para entender el contexto hay que leer el capítulo entero, y el libro, y cuando leemos el libro necesitamos entender la teología del autor y su relación con la centralidad de las Escrituras. Alimentarse bíblicamente no es leer una frase motivadora todos los días. Es entender la profundidad del compromiso y la visión de Dios para la humanidad. Esta práctica de lectura y estudio bíblico evitará que nos quedemos con la teología equivocada o manipulemos el texto bíblico para nuestra conveniencia. ¡Dejemos de leer la Biblia como el horóscopo y seamos el pueblo de la Palabra!

En Bíblica promovemos una campaña de lectura que denominamos “Experiencia Bíblica en Comunidad” donde compartimos, juntos en comunidad, la Palabra de Dios organizada de una manera diferente a la que habitualmente conocemos. Se trata del “El libro de la Biblia” que no es otra cosa que el Nuevo Testamento organizado por libros en diferente orden y sin divisiones de capítulos y versículos. Dando como resultado una lectura más natural en cuanto a la línea del tiempo y sucesos que fueron aconteciendo. Es otra forma de profundizar las Escrituras desde una mirada mas acorde a lo que fue la realidad de aquellos tiempos. Volver a las fuentes, como se dice por ahí, es justamente devolverle la centralidad a la Palabra de Dios.

Nuestras comunidades de fe se transforman sólo en comunidades sociales porque dejamos de lado la interpretación bíblica, la profundización bíblica, el conocimiento bíblico por pedacitos de la Biblia con frases motivacionales. Vuelvo al ejemplo, comemos un snack antes que una comida suculenta. Y eso no alimenta nuestra fe. Al contrario, la deteriora o la deshace, o la adultera y perdemos el norte. Pero en cambio, si nos volvemos como el pueblo de la Palabra, encontramos el camino perdido. El salmista lo dijo muy claro: “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (Sal. 119:105).

Esteban R. Fernández
Presidente de Bíblica América Latina y del ministerio de capacitación a líderes“Nuestra Fortaleza”

Por favor escríbeme a esteban.fernandez@biblica.com. Será un gusto conocerte.

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