La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud.

¿Cómo saber que los sueños que tenemos en el corazón son sueños de Dios? ¿Cómo sabemos si una semilla plantada en el corazón por Dios es de Dios? Primero, que se pueda contrastar con la palabra, si el sueño que usted tiene en el corazón va en contra de la palabra, ya sabe que no es de Dios. Si el sueño que tiene en el corazón lo hace alejarse del Señor, ya sabe que no es de Dios. Si el sueño que tiene en el corazón lo hace mirar para atrás, ya sabe que no es de Dios, porque Dios nos invita a mirar para adelante, todos los días, permaneciendo.

Cuando leemos la vida de David, hay un pasaje que se aplica aquí: Una vez que el rey David se hubo establecido en su palacio, el Señor le dio descanso de todos los enemigos que lo rodeaban. 2 Samuel 7:1.

Ahí está el secreto, si usted está en lucha, debe establecerse en el palacio del Señor. Quedarse, habitar en la casa del Señor. Claro que va a haber luchas, pero Dios le va a dar descanso. La solución se llama Cristo Jesús.

No es en vano servir a Dios

A veces esperamos que otros nos den la recompensa, que otros exalten nuestras labores y esfuerzo diario. Queremos ser populares y reconocidos y se nos olvida que nuestro trabajo es para Dios y no para los hombres. Servimos a Dios a través del servicio a nuestros hermanos. Así que cuando usted se sienta desanimado en su trabajo, iglesia, ministerio o hasta en su casa, piense que solamente va a tener descanso cuando permanezca en el palacio. Y el palacio es ese lugar de comunión íntima con Dios.

En Hechos 11:22-23 encontramos la exhortación de Bernabé a la nueva comunidad de creyentes de Antioquía: La noticia de estos sucesos llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén, y mandaron a Bernabé a Antioquía. Cuando él llegó y vio las evidencias de la gracia de Dios, se alegró y animó a todos a hacerse el firme propósito de permanecer fieles al Señor.

Permanecer, ésa es la característica indispensable para terminar la carrera, la senda de los justos es como la luz de la aurora, va creciendo. Vamos corriendo una carrera contra nosotros mismos. Yo no tengo que ver cuánto crece mi hermana, cuánto crece mi esposa, cuánto crece mi amigo, no tengo que hacerlo, pero sí tengo que ver cómo era yo ayer y cómo soy hoy, y avanzar en esa carrera. Y ahí sí, si permanecemos, podemos llegar a ganar la carrera. No es cuestión de puestos ni de llegar primero, ni de llegar segundo, es cuestión de llegar a la meta y llegar bien.

La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud. Pero el camino de los malvados es como la más densa oscuridad; ¡ni siquiera saben con qué tropiezan! Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo. No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de tu corazón. Ellas dan vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo. Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas. Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a ti. Endereza las sendas por donde andas; allana todos tus caminos. No te desvíes ni a diestra ni a siniestra; apártate de la maldad. Proverbios 4:18-27.

Esteban R. Fernández

Presidente de Bíblica América Latina y del ministerio de capacitación a líderes“Nuestra Fortaleza”

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