Para los judíos, la Pascua, también conocida como Pésaj por su nombre en hebreo, es una festividad solemne que celebra la libertad del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto, relatada en el libro de Éxodo. Una un banquete familiar tradicional que consta de una serie de ritos hogareños, como el séder Pésaj (Ex. 12,1-14), en los cuales se conmemora no solo la liberación del cautiverio de los judíos, liderada por Moisés, sino también la transformación de su conciencia como nación libre y dotada de una ley.

Es una de las festividades más importantes del calendario hebreo y se extiende durante ocho días, a partir del día 15 del mes hebreo de Nisán, que en nuestro calendario moderno correspondería con la última parte del mes de marzo y la primera del mes de abril. Pero también es una de las dos celebraciones más importantes para el cristianismo junto a la conmemoración del nacimiento de Jesús: en este sentido, la Pascua recuerda su crucifixión y su resurrección gloriosa.

Previo a la Pascua
Allí estaba Jesús en Getsemaní (Mateo 26:36-46), meditando y orando, sentía angustia.

Jesús había tomado un camino de cuarenta días de ayuno y preparación en el desierto. Ese tiempo es denominado “cuaresma” que no es otra cosa que un recorrido de reflexión que posibilita el tiempo propicio para revisar, discernir, transformar y vivir. Y reconocer que esta gracia de seguir a Cristo es costosa. Para Jesús el momento definitivo que coronaba su venida a la tierra y sería condenado por los pecados de la humanidad siendo absolutamente inocente de toda maldad.

36 Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: «Siéntense aquí mientras voy más allá a orar». 37 Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado. 38 «Es tal la angustia que me invade, que me siento morir les dijo. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo».

39 Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo.[c] Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»
Jesús presentía que llegaba el fin. Ya lo sabía. Conocía la historia que ocurría pronto. El Padre Celestial se lo había contado antes de enviarlo a los hombres. Sabía que iba a ser traicionado ¿acaso la traición empezó con sus hombres de confianza durmiendo en lugar de estar velando y orando?…

45 Volvió de nuevo a los discípulos y les dijo: «¿Siguen durmiendo y descansando? Miren, se acerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona!»
Pronto llegó quien lo entregaría por 30 piezas de plata. ¡Su vida sólo valía 30 piezas de plata para un vil traidor! Jesús amaba a Judas, sabía que tenía que ser el “malo” de la historia. Tuvo compasión de él, pero la profecía debía cumplirse.
47 Todavía estaba hablando Jesús cuando llegó Judas, uno de los doce. Lo acompañaba una gran turba armada con espadas y palos, enviada por los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. 48 El traidor les había dado esta contraseña: «Al que le dé un beso, ese es; arréstenlo». 49 En seguida Judas se acercó a Jesús y lo saludó.

¡Rabí! le dijo, y lo besó.

50 Amigo le replicó Jesús, ¿a qué vienes?
Comenzando la Pascua judía
Ya comenzaba el fin… o el principio, depende de cómo leas la historia. El fin de el Santo en la tierra o el principio de la gracia para los hombres. Fue llevado ante Caifás, el sumo sacerdote, con él se encontraban los maestros de la Ley. Más tarde fue llevado ante Pilato. Antes Pedro lo negó tres veces como dicen las Escrituras (Mt. 26:69-75). “―¡A ese hombre ni lo conozco!” se le oyó decir tres veces. Mientras esto pasaba, Judas se arrepentía. Había confesado su pecado, pero los sacerdotes lo ignoraron. Entonces se ahorcó, lleno de remordimiento y dolor.

Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó:

¿Eres tú el rey de los judíos?

lo dices —respondió Jesús. (Mt.27:11)

Fue acusado por los jefes de los sacerdotes y los ancianos. Pero Jesús ya no respondió nada. Guardó silencio. Pilato preguntó al pueblo si querían que suelta al criminal más conocido de aquellos días: Barrabás o a Jesús, el que le decían el Cristo. La gente desbordada pidió por Barrabás. Estaban arengados por los sacerdotes que veían en Jesús un enemigo y un blasfemo, porque no entendieron que él es el Mesías que había de venir.

Ya en el Gólgota (que significa «Lugar de la Calavera»), colgado en una cruz junto a dos ladrones, Jesús era vituperado, insultado, despreciado y burlado. Le pusieron una corona de espinas y una capa, mientras caminaba hasta aquel lugar, emblema del cristianismo. El día oscureció, Jesús dio un gran grito diciendo: “―Elí, Elí,[g] ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”).” (Mt.27:46b). Y pronto murió. Hubo un gran estruendo que hizo que el velo del Templo en Jerusalén se partiera.

Por la misericordia de uno de sus seguidores, José de Arimatea, fue sepultado y como Jesús había predicho que al tercer día resucitaría, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron ante Pilato para pedirle que selle el sepulcro. no sea que vengan sus discípulos, se roben el cuerpo y le digan al pueblo que ha resucitado”, dijeron (Mt.27:63).

La Resurrección
Al amanecer del primer día de la semana fueron María Magdalena y la otra María al sepulcro. Hubo un gran terremoto y un ángel les habló.

El ángel dijo a las mujeres:

No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. 7 Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: “Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán”. Ahora ya lo saben.

Corrieron a contarles a los discípulos, quienes fueron a verificar los dichos de las mujeres.

Aparición y ascensión de Jesús
Cuando Jesús resucitó en la madrugada del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. 10 Ella fue y avisó a los que habían estado con él, que estaban lamentándose y llorando. 11 Pero ellos, al oír que Jesús estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron.

12 Después se apareció Jesús en otra forma a dos de ellos que iban de camino al campo. 13 Estos volvieron y avisaron a los demás, pero no les creyeron a ellos tampoco.

14 Por último se apareció Jesús a los once mientras comían; los reprendió por su falta de fe y por su obstinación en no creerles a los que lo habían visto resucitado.

15 Les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura.[b] 16 El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado. 17 Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas; 18 tomarán en sus manos serpientes; y, cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos, y estos recobrarán la salud».

19 Después de hablar con ellos, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20 Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba en la obra y confirmaba su palabra con las señales que la acompañaban. (Mc.16:19)

Conclusión
A nuestros días, este bello relato de la historia real en mi relato abreviado significa la posibilidad de ser salvos por la gracia de Jesucristo. Pascua es para los cristianos el motivo por el cual Jesús se hizo hombre, sufrió como ningún otro ser humano y siendo Dios aceptó ser desechado para darnos vida y vida eterna en abundancia. Me emociona pensar en ese sacrificio tan grande que el Hijo de Dios hizo por mi. Sacrificio que también lo hizo por ti y por cada persona en este mundo, desde su creación hasta el final de los tiempos.

La razón de ser de la humanidad se conjuga en este acto de amor supremo de despojarse de sí mismo para tomar mi lugar en una mugrosa cruz y morir como un vil criminal, para ser resucitado en gloria y darme paz por siempre. Es maravilloso este amor. No tiene precio. No se vende ni se compra. Se recibe por fe y por gracia. No hay nada que yo pueda hacer para comprarlo, ya fue pagado y no hay otro precio que mejore la oferta.

No les hablé de la institución de la Santa Cena, aquel recordatorio que el Señor nos dejó y que practicamos especialmente en Semana Santa. Quiero levantar el pan y la copa recordando el elevado costo que tiene el perdón de mis pecados. Te invito a reflexionar en el valor de la muerte y resurrección de Jesús en tu vida. Que en este tiempo pascual, volvamos a intimar con quien dio todo por cada uno de nosotros. Y podamos decirle al mundo entero una vez más: ¡Jesús, el Mesías. Ha resucitado! 

Esteban R. Fernández
Presidente de Bíblica América Latina y del ministerio de capacitación a líderes“Nuestra Fortaleza”

Por favor escríbeme a esteban.fernandez@biblica.com. Será un gusto conocerte.

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