En muchos países el futbol soccer mueve pasiones, en el mío sucede. Cuando juega la selección Argentina de futbol se paraliza el país. ¡Literalmente! No hay una sola persona en la calle. En los restaurantes ponen pantallas gigantes para ver los partidos todos los comensales juntos. En las escuelas paralizan la actividad y los jóvenes fanáticos también pueden ver a su equipo nacional jugar. Mis compatriotas son todos directores técnicos. Tienen un equipo para cada partido y una dirección opuesta para cada ocasión. Muestran una pasión desbordada, acalorada y fuera de sí. Cada cuatro años, durante un mes —o al menos mientras Argentina siga en el campeonato— la vida se resume entre partido y partido.

Esta pasión fervorosa me hizo pensar en mi pasión por Dios, su obra, su ministerio, su plan para la humanidad. Cada día al estudiar la Palabra de Dios hay en mi una devoción que me lleva a buscar conocer más acerca de Jesucristo. Pero sinceramente no es tan desbordante como la de los hinchas de mi país. Entonces me pregunto: ¿Qué tiene que tener mi pasión para que Dios sea ese motor que me impulse más allá de mi hacia una adoración plena del Creador?… mientras meditaba en esto veo la fotografía de dos jugadores, uno belga y otro panameño. Romelu Lukaku y Fidel Escobar, respectivamente, vencedor y perdedor juntos agradeciendo a Dios en el campo de juego. Ambos arrodillados orando a quien genera su mayor pasión. Bueno la selección entera de Panamá se arrodilló en el campo de juego para orar, me dicen que no todos son cristianos evangélicos, pero sí todos oraron a Dios y después de perder un partido para irse de Rusia. Hace un tiempo el arquero costarricense, Keylor Navas, del Real Madrid, manifestó que Jesús es más importante para él que cualquier liga de futbol, y en Rusia también lo dejó plasmado públicamente. También jugadores como Radamel Falcao García y James Rodriguez de Colombia, algunos más de Brasil y el arquero argentino Franco Armani, todos ellos dando Gloria a Dios en diferentes momentos. Alguien les contagió esa pasión por Jesucristo.

Pienso que podemos vivir como ellos, una vida de devoción y pasión por Jesús, pero nos olvidamos. Quizás puede pensar que es por su exposición, pero ¿por qué no llegar a una vida desbordada del amor de Dios y con la necesidad de alabarlo y adorarlo a cada segundo? La pasión es amar algo con intensidad, es estar cautivado por eso que nos atrae tanto. ¿No nos atrae tanto Jesús?…

Jesús desde hace más de dos mil años entregó su vida por cada uno de nosotros, siendo Dios se humilló a sí mismo por amor, por pasión; esta pasión fue la que hizo que existiera un cambio en él, su pasión lo hizo hacerse hombre, cuando él no tenía porqué hacerlo. Filipenses 2:5-11 dice:

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,
quien, siendo por naturaleza Dios,
no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
Por el contrario, se rebajó voluntariamente,
tomando la naturaleza de siervo
y haciéndose semejante a los seres humanos.
Y, al manifestarse como hombre,
se humilló a sí mismo
y se hizo obediente hasta la muerte,
¡y muerte de cruz!
Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo
y le otorgó el nombre
que está sobre todo nombre,
10 para que ante el nombre de Jesús
se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra
y debajo de la tierra,
11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.

No caben dudas que la gran pasión de Jesús siempre fuimos nosotros, es decir tu y yo. Por amor a ti y a mí se hizo hombre siendo Dios y murió. Por pasión nunca dejó de ser obediente. Y es en cierta forma lo que observo en esos hombres famosos por el deporte, que intentan ser obedientes y rinden adoración a quien despierta su mayor pasión: Jesús.

Mi desafío personal es poder manifestar mi pasión por Jesús de la misma manera: expuesta, visible y real. Que las personas vean en mi que amo a Dios y que mi vida está rendida a él. Que no importa cuán famoso pueda ser, la gloria no es mía, es de él por él y para él. Te desafío a que también sea tu desafío personal. Que ambos, tu y yo, podamos mostrar a Jesús en nuestras acciones diarias. No como una exposición vacía, sino como una vida transformada que necesita rendirse al Creador como necesitamos del aire para respirar. ¡Ánimo, Dios te bendiga!

Esteban R. Fernández
Presidente de Bíblica América Latina y del ministerio de capacitación a líderes“Nuestra Fortaleza”

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