Pedimos y prometemos, pero realmente ¿nos detenemos a pensar antes en lo que le decimos al Señor en oración?… Muchas veces no sabemos qué oramos. Jesús dijo que no sabíamos lo que pedíamos. Y sigue siendo una realidad en nuestros días, en nuestras vidas.

Hay oraciones peligrosas y otras oraciones que no lo son. Por ejemplo, oraciones no peligrosas, pueden ser las oraciones de acción de gracias. Del tipo “Señor, te doy gracias por este día, por la comida, etc.” Este tipo de oración no requiere nada de mi parte. Simplemente le estoy dando gracias a Dios por Su bondad y las bendiciones hacia la humanidad en general. La oración de acción de gracias solo expresa nuestra gratitud, pero no demanda un cambio de nuestra parte.

También puede ser una oración no peligrosa las de de bendiciones: “Señor, bendice la comida que vamos a comer”. De nuevo, esta oración no requiere nada de mi parte, no hay ningún compromiso de mi parte. Simplemente, estamos pidiéndole a Dios que haga algo por nosotros. Este es un tipo de oración que nuestra zona de confort no es molestada en lo absoluto. Esta es una oración simple que reconoce el poder de Dios, pero eso es todo.

Las oraciones recitadas son las oraciones que comúnmente se conocen como los rezos.  Oraciones repetidas, sin pensamiento-oraciones genéricas. “Señor Jesús cuando el día ya termina, y llega la noche, te doy gracias por las alegrías que he tenido hoy; y te pido perdón por las veces que he hecho sufrir a los demás. Señor Jesucristo, guárdame durante esta noche, guarda a mis padres y hermanos, guarda a mis familiares y amigos.  Y enséñame a quererte cada día más”. Este tipo de oración es una sin esfuerzo y no requiere un compromiso de nuestra parte.  Es simplemente una recitación. A veces los niños repiten este tipo de oración y las personas que recién llegan al Evangelio porque están en el proceso de conocer a Dios y empezar a hablar con él.

Hasta aquí lo fácil, lo conocido, lo que no demanda esfuerzo de nuestra parte. Pero hay otras oraciones que llamo “peligrosas”, que demandan un compromiso activo de nuestra parte. Que implica una acción de quien la hace, y no es el mero acto de hablar con voz audible, sino de moverse de la zona de confort y confiar.

Es la oración donde nos ponemos en las manos de Dios y decimos, “Úsame como quieras, soy Tuyo”. ¡Gran desafío! Esta oración requiere que cambie, que me someta a la voluntad de Dios y que acepte cualquier cambio necesario. Alguna vez leí que “la oración es el yunque sobre el cual forjamos nuestra voluntad en la voluntad de Dios.” En este artículo hablaremos de oraciones peligrosas, ¡extremadamente peligrosas!

La primer oración peligrosa es una que no se habla, pero se “dice” cuando somos bautizados (Mateo 28:18-20). Cuando estás en las aguas del bautismo, ¿qué le comunicamos a Dios y a las personas? Son tres cosas:

  1. “Te doy mi vida…”
  2. “Cambio mi vida por la tuya…”
  3. “Te doy mi vida. No sé lo que eso significa, pero conforme vaya aprendiendo más te daré más de mi vida.”

Pensaba en el llamado de Dios al profeta Isaías (ver capítulo 6). Se sentía no apto para ser el enviado pero dos segundos después, la emoción, el desafío lo puso frente a la pregunta de Dios acerca de quién iría a sembrar y cultivar, Isaías dijo: “Aquí estoy. ¡Envíame a mí!”. Es maravilloso lanzarse en fe a lo desconocido que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros.

Es posible que Isaías no supiera el desafío que esta oración implicaría. Una vida de sacrificios, de dejar morir el orgullo, de compromiso con el Dios de la Creación de manera diaria y constante, de saberse perseguido, observado y puesto a prueba en todo momento. Quizás Isaías no pensó en lo que significaba ser un “profeta”, esa voz que clama en el desierto. La misma que muchos quieren apedrear porque no quieren oírla cuando muestre el pecado y los errores cometidos.

Sí, estoy seguro, que Isaías interpretó muy bien qué significaba ser bendecido por Dios. Quizás sí conocía los contratiempos que traería aceptar el llamado, pero el peso de responder al llamado fue más fuerte y preponderante. La vida del joven Isaías cambió radicalmente. Su entrega fue total, y su propósito en la vida tuvo frutos que aún hoy recogemos. El legado del profeta es tal que todavía nos conmueve y nos lleva a la Cruz del Mesías que Isaías jamás vio pero que esperaba con ansias.

Cuando conocemos a nuestro Dios, cuando confiamos, cuando nos lanzamos a hacer oraciones peligrosas nuestra vida pasa a otro nivel de fe plena en el Señor Jesucristo. Te desafío a que hagas oraciones peligrosas y salgas de tu zona de confort, para entrar en la zona de la gracia de Dios. Como dicen en mi país: ¡Es un viaje de ida!… La bendición te alcanzará y se reproducirá por ciento de miles.

Esteban R. Fernández
Presidente de Bíblica América Latina y del ministerio de capacitación a líderes“Nuestra Fortaleza”

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