Los errores que cometes no te identifican. No eres las etiquetas que los demás te han puesto. Ni eres la mentira que el enemigo ha intentado venderte. Tú eres la persona que Dios dice que eres. Los motes que la gente nos pone, o que nosotros mismos nos autoponemos hacen que nuestra autoestima sea socavada de manera contundente cuando no miramos por los lentes que usa Dios al vernos, elegirnos, amarnos y sostenernos en la vida.

Los pensamientos, los mandatos familiares, el “qué dirán” que a veces rige nuestras acciones son temores, elementos tóxicos que dañan la perspectiva que Dios tiene de cada uno de nosotros. En esencia, todos nuestros problemas de identidad se deben a los malos entendidos que tenemos acerca de la persona que es Dios. Los problemas de culpa son un malentendido de la gracia de Dios. Los problemas de control son un malentendido de la soberanía de Dios. Los problemas de ira son un malentendido de la misericordia de Dios. Los problemas del orgullo son un malentendido de la grandeza de Dios. Los problemas de confianza son un malentendido de la bondad de Dios. Si luchas con algunos de estos problemas, ¡es hora de que permitas que Dios sea la voz más alta en tu vida!… ¡Y también que lo conozcas en profundidad!

La Biblia dice que Dios es bueno, es misericordioso, es amor, es luz, es inteligente, es divertido. Todo lo puede, todo lo sabe, está en todas partes y conoce al detalle tu vida, la mía y la de cada uno de los seres humanos que existen, existieron y existirán. Nada se le escapa, ni siquiera un cabello que podemos perder en el transcurso del día.

Recuerda: “Dios no nos ama por lo que somos. Nos ama por lo que Él es”. Su inmenso amor es la respuesta a todo lo que podamos hacer, aún frente aquellas cosas que Él aborrece y desea que cambiemos para su Gloria.

Dios comenzó una obra de restauración y reconstrucción en nuestras vidas cuando, nosotros decidimos aceptar a Jesús, su Hijo, como nuestro Salvador y Señor. Allí, nuestra vida da un giro de 180 grados y recorre el camino hacia una autoestima sana, tal y como Dios quiere que la tengamos.

Como Pablo afirmo: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Fil. 1:6). La clave es dejar que Dios haga la transformación de nuestras vidas. La que necesitamos para ver como Él nos ve. Y entender cuán importante somos que nos hizo a su semejanza y tiene preparada una eternidad para que la disfrutemos desde este momento, en este mismo instante.

Recuerda que “Tú eres la persona que Dios dice que eres”. Dios siempre termina lo que empieza, y su plan jamás fallará.

Esteban R. Fernández
Director del Ministerio Latino de Biblica, y presidente del ministerio de capacitación a líderes “Nuestra Fortaleza”.

Por favor escríbeme a esteban.fernandez@biblica.com Será un gusto conocerte.

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