En estos días que hablamos de huracanes, Dorian es el que nombramos y sufrimos, el que provocó muertes innumerables en Bahamas y dejó destrucción en toda la isla. Vivo en la Florida hace muchos años y ya hemos pasado todo tipo de huracanes junto a mi familia. Incluso los huracanes que no tienen que ver con lo climático sino con la crisis que se genera por malas decisiones, por pruebas que el Señor permite que vivamos, porque es tiempo de salir de nuestra zona de confort o porque algo Dios nos quiere enseñar. Y aquí me quiero parar hoy, en todo lo que el Padre eterno nos quiere enseñar cada vez que vivimos una crisis.

Temporada de huracanes
Muchas veces las personas experimentan situaciones difíciles de atravesar y realmente parece que vienen todas las desgracias juntas. Una tras otra. Sin parar. Sin detenerse. Devastando todo lo que encuentre a su paso. Tal cual sucede con un huracán de grado 5. Días después del epicentro lo que queda son ruinas, destrucción y escombros de lo que fue una vida llena de bienestar. En ese terreno aún mojado por el mar de circunstancias adversas, Dios quiere trabajar y sembrar de nuevo.

Por supuesto que hay consecuencias que enfrentar. En Bahamas tendrán que reconstruir mucho, como sucedió con Irma hace dos años en estos bellos lugares amenazados constantemente por la naturaleza y su furia creciente.

Pero quiero ir a la vida de las personas. Lo que queda en su corazón y cómo Dios lo quiere transformar para que lo venidero sea un verdadero paraíso terrenal y especialmente espiritual.

Lo primero que viene a mi mente es, que para que la transformación ocurra debe haber una disposición de corazón a dejar que Dios actúe en tu vida. Nada puede hacer el Señor si tu te niegas a ser restaurado, reconstruido. Cuando la Palabra de Dios habla de libre albedrío habla de libertad de elegir lo que creamos que debemos hacer. La Biblia nos da pautas para tomar decisiones sabias, pero la elección de seguir ese lineamiento o no, es de cada uno de nosotros. Tenemos todo a la mano, delante nuestro y sólo debemos aceptar seguir los pasos del maestro.

Leía hace unos días en las redes sociales una frase que dice: “Muchas personas no comprenden lo autodestructivo que es el odio para nuestras vidas. La Palabra nos dice que el perdón más que liberar a los demás nos liberta a nosotros mismos”. ¡Qué gran verdad! Y esto es lo segundo que quiero señalar. Necesitamos perdonar para ser reconstruidos por Dios. Cuando perdonamos y soltamos a esa persona, somos nosotros mismos los principales beneficiarios. Hay paz en el corazón, alegría y gozo inexplicable. Las relaciones todas se ven transformadas por el poder de la Palabra de Dios actuando en nuestro ser. Y esos lugares destruidos e infértiles, comienzan a dar esperanza. De en medio de los escombros comienza a surgir vida y vida en abundancia. Quizás no lo veas con tus ojos humanos. Quizás sea necesario ver con los ojos espirituales y tener fe. Esa que, según dice la Biblia: «1 Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. 2 Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. 3 Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve». (Hebreos 11:1-3).

Tiempo de reconstrucción
Cuando entendemos que todo ocurre para nuestro bien, porque amamos a Dios, podemos ver con los ojos del espíritu que mora en nosotros. Y apropiarnos de las palabras de Isaías: «18 Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. 19 ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados». Es maravilloso. Porque sólo lo puedo ver si lo hago con ojos espirituales, con fe y confiando en que Dios lo hará aunque humanamente es imposible.

Yo no sé como será la reconstrucción de Bahamas después de esta temporada de huracanes. Tampoco sé como será la reconstrucción de tu vida después de una temporada de desaciertos. Pero sí tengo la plena seguridad de que, si confías en el Señor todo cambiará en tu vida. Dios tiene planes de bienestar.

10  Así dice el Señor: «Cuando a Babilonia se le hayan cumplido los setenta años, yo los visitaré; y haré honor a mi promesa en favor de ustedes, y los haré volver a este lugar. 11 Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. 12Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. 13  Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. 14Me dejaré encontrar —afirma el Señor—, y los haré volver del cautiverio. Yo los reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde los haya dispersado, y los haré volver al lugar del cual los deporté», afirma el Señor.

Sin lugar a dudas, el Padre tiene planes que no son de calamidad, sino de gran bonanza. Cree que ya lo está haciendo, es más ¡ya lo está haciendo!, como dice el profeta Isaías.

Que esta temporada sea un tiempo de paz y bienestar, pero por sobretodo de búsqueda plena y profunda de Dios. Que te dejes bendecir por Él, guía por Él y descanses siempre en Él.

¡Dios te bendiga!

Esteban R. Fernández
Director del Ministerio Latino de Biblica, y presidente del ministerio de capacitación a líderes “Nuestra Fortaleza”.

Por favor escríbeme a esteban.fernandez@biblica.com Será un gusto conocerte.

Este artículo apareció por primera vez en el blog de PastorEstebanF. Siéntete libre de difundirlo citando la fuente. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

Showing 3 comments
  • José
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    Bello, profundo, inspirador y desafiante. Desde que te conozco así eres y, regularmente, así nos entregas lo que el Señor pone en ti. Muchas gracias!

  • José
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    Profundo, inspirador y desafiante… Muchas gracias!

  • Carlos Alberto Diaz
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    Pastor Esteban gracias, como siempre tus publicaciones son un oasis en medio del desierto.

    Realmente cuan necesarios son para nuestras vidas estos huracanes, porque es lo que permite que como seres humanos veamos la gloria de Dios en actuar en nosotros y en las personas que nos rodean. Solo cuando eso sucede podemos dar gracias a nuestro buen Dios por esas tempestades y comprendemos lo que dice la escritura en Rom 8:28 “…todo obra para bien…”

    Dios te bendiga grandemente un fraternal abrazo

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